martes 25 de diciembre de 2007

Esos ojos que me miran...



¡¡ FELIZ NAVIDAD !!

Hoy sólo puede haber espacio para que renazca el niño Dios en nuestros corazones, que los suyos se regocijen en su amor incondicional y que esa emoción les prepare para un nuevo año lleno de bendiciones.

Hoy comparto con Uds. mis alabanzas a Dios...
¡Alabemos a Dios que es plenitud en nuestras almas!



No me hables al oído que yo sé que estás acá,
siempre duermes conmigo, tú me cuidas al soñar...

Atrapas mis canciones porque sabes que al final,
de tantos corazones no hay uno que quiera igual...

Esos ojos que me miran,
son luceros que dan luz en pleno día...
Es tu voz de melodía,
como cántaro va llenando mi alma,
que repite tu nombre y me llama...

Tú de mañana prendes el sol
y, con tus brazos de terciopelo, arropas mis sueños,
soy tan pequeño en tu patio de amor...
Soplas el viento, peinas el cielo,
la voz del silencio grita TE QUIERO
mírame adentro,
soy tan pequeño en tu patio de amor...

No cantes que mi oído dulcemente va a escuchar
la orquesta de tus besos suena en cada ola del mar...

Atrapas mis canciones porque sabes que al final,
de tantos corazones no hay uno que quiera igual...

Esos ojos que me miran,
son luceros que dan luz en pleno día...
Es tu voz de melodía,
como cántaro va llenando mi alma,
que repite tu nombre y me llama...

Tú de mañana prendes el sol
y, con tus brazos de terciopelo, arropas mis sueños,
soy tan pequeño en tu patio de amor...
Soplas el viento, peinas el cielo,
la voz del silencio grita TE QUIERO
mírame adentro,
soy tan pequeño en tu patio de amor.



Texto: Canción "Esos ojos que me miran"
Letra y Música: Santiago Castillo, Luigi Castillo y Luis Leal
Interpretación: Voz Veis


Nota al pie: El CD "Cómo se llega a Belén" es lo más hermoso que he escuchado hasta ahora en Navidad.

sábado 22 de diciembre de 2007

Con alusiones personales...


Una vez me dijiste que a mi lado te sentías protegido,
Y enseguida asumí que podía para siempre resguardar tu corazón…

Me dijiste que con locura me deseabas,
Y enseguida asumí, con ilusión – tal vez en demasía –
que yo realmente llenaba alguna parte de ti…

Me dijiste que simplemente sentías miedo,
Y enseguida asumí que podría de algún modo incitarte a vencerlo…

Me dijiste que alimentaba, toda yo, tus instintos más básicos,
Y enseguida asumí que igualmente, toda yo, sería capaz de inspirar
tus acciones y pensamientos más sublimes…

Me dijiste una vez que me querías,
Y enseguida asumí, lo asumió mi ego enardecido y jactancioso,
que fácilmente entonces llegarías a amarme…

Me dijiste que era un ser muy especial para ti,
Y enseguida asumí que ocuparía eternamente un lugar infinito en tu alma…

Y me equivoqué,
¡Asumí tantas cosas! Aún a pesar de tus advertencias…

Pero es que quienes confiamos en la esperanza
nos aferramos a ciegas a ella,
tomando de la realidad sólo lo que nos permita vivir…

Y hoy,
cuando parece que al fin decidimos cerrar puertas y ventanas,
dejando afuera para siempre nuestras crueles fantasías,
te ruego hagamos espacio, exclusivamente, para el perdón…
Para que así, llegado el día en que nos toque mirarnos de nuevo,
persistan en nuestros ojos la ternura, la amistad y la sonrisa…


Que persista entre tú y yo sólo aquello
que haya podido parecerse al amor…

martes 18 de diciembre de 2007

Apostando a perder...


¿Y cómo le dices adiós a la eternidad? ¿Cómo te despides de lo que nunca se va? ¿Cómo le abres la puerta de salida a lo único que deseas permanezca dentro de tu alma? ¿Cómo te obligas a que se te desvanezca el aroma que te hace más fácil respirar? ¿Cómo te animas a cerrar tus ojos para no disfrutar de la luz que con su divina claridad hace más firmes tus pasos?

¿Cómo te dejo ir? ¿Cómo me permito dejar de regalarte todo lo que soy? ¿Cómo es que tengo que entretener a mis sentidos para que ya no sigan exaltándose por ti? ¿Cómo renuncio a tenerte? ¿Cómo es que sacrifico ilusión y ganas en nombre de tu libertad?...

… ¡Por Dios!... ¡Tu libertad! Ya ves la respuesta a todo.

Es simplemente que soñé, otra vez, que por un momento me pertenecías, que por un instante sólo yo tenía en el universo el divino derecho a ser tuya, a ser la desbocada razón de tu única felicidad, ¡cómo si tal bendición pudiese decidirla yo!

Desperté, me trajo de vuelta a la realidad tu natural ansia de ser libre, tu potestad para elegir, tu opción por la honestidad, tu deseo irrenunciable de vivir. Y más que todo, me invitó a reaccionar este amor irremediable, este amor que te tengo y que siempre, al final, hace que mis dolores y reproches queden vencidos por mi necesidad, más que mi capacidad, de entenderte. Este amor ideal que insiste en estar a la altura de la creación, de la suprema divinidad, y entonces callar, hacer silencio, demostrar su pureza de intención admitiendo que este no es tu lugar, que al menos no quieres ahora que sea, y que sólo puede trascender en tu vida, hoy, a través de la renuncia.

Así entonces, antes que intervenir en tu albedrío, prefiero despedir a la eternidad, decir adiós a lo que no se va, vaciar mi alma, dejar de respirar, cerrar mis ojos, dejarte ir, guardar lo que soy, castigar a mis sentidos, renunciar…

En fin, prefiero desgastarme en lo imposible.