martes 6 de noviembre de 2007

José María Rivolta


El eterno aventurero que entre sombras y luces hizo camino al andar

El padre Rivolta se despidió de nosotros el pasado domingo y; aunque sé, serán diversas las maneras en que, entre los hombres, él se hará eterno; yo no encontré mejor modo de hacerle honores que dejar expuestas aquí las palabras que compartimos hace ya cinco años. El padre me concedió el honor de ser el protagonista de mi primera entrevista de personalidad, en mis bisoños días de periodista. Hoy, sigo recordando con júbilo ese momento; cuando me sirvió aquél rico té con limón, calientito porque así era mejor para mi gripe; cuando me extendió a más de una hora aquélla cita entre chistes y anécdotas; cuando me advirtió clarito, que sólo es feliz aquél que realmente es jinete de su vida...

Aquí se los dejo, un poco extenso, pero valioso. Lo suficiente como para desear compartirlo:

Hacia la zona norte de Valencia, justo en el punto territorial que marca la división entre la capital carabobeña y el municipio Naguanagua, entre muros de esperanza - tal vez “muros” no sea la palabra adecuada - transcurre la vida del padre Rivolta. Allí vive José María, en la sede de Hogares Crea de Venezuela (como señala su currículo) y sólo ahí es posible encontrarle, entregado a una institución que sería un error denominar como su hogar, porque más que una misión para él, Hogares Crea es toda su vida.

Entonces, lograr un encuentro con el padre José María Rivolta es tarea fácil, las dificultades se presentan cuando se aspira conversar sobre temas tal vez sencillos y comunes para un ser humano, pero poco relevantes para este particular sacerdote que insiste en convertir a la institución en la que vive (léase “para la cual vive”) en la constante protagonista de sus tertulias. Quisimos resaltar la infancia, la juventud, las vivencias de un hombre, antes y más allá de lo que representa hoy en “Hogares Crea”. Casi fue vano el intento, pero aquí están los resultados.

El padre inicia la conversación con un simpático comentario refiriéndose a sus particulares circunstancias físicas, lleva un yeso en su brazo izquierdo como consecuencia de un accidente casero. Hace días que me dolía - dice - pero no quería ir al médico porque cuando voy no me cobran y a mí me da pena.

Seguidamente confiesa su edad, el siete de febrero cumplió 79 años y en el sacerdocio ya tiene 52. El próximo año - comenta - cumpliré mis ochenta años y Hogares Crea, -imposible desvincularlo- apenas días antes de mi cumpleaños celebrará su vigésimo aniversario.

.- Antes de hablar de su vida como sacerdote, ¿Cómo fueron sus días de infancia?

- Yo nací en La Pastora, en Valencia en 1923. La ciudad apenas tenía 37 mil habitantes. Mi papá era valenciano y mi mamá aragüeña. Desde muy pequeño me internaron en el colegio Don Bosco, aunque primero estudié en el colegio Páez pero me expulsaron por una travesura. Mi vida, aunque tranquila, fue conflictiva porque siempre fui muy agresivo, rebelde, realmente costó mucho morder el freno.

.- ¿Y cómo fue su juventud, cuándo descubre su vocación al sacerdocio?

- Un día, cuando estaba en el Don Bosco, el padre Isaías Ojeda, a quien debo mucho, me dijo: - tú tienes vocación para ser sacerdote - Yo me opuse un poco; entonces me dijo: - te voy a mandar para el seminario de La Vega, tú te quedas ahí y si no te gusta me llamas, yo te voy a buscar y te traigo para acá otra vez.- Habló con papá y mamá, convinieron y me mandaron. Y ahí Dios me pescó, hasta hoy.

.- Pero del seminario de La Vega salió al exterior, porque recibió su orden sacerdotal en Italia.

- Sí, yo estuve en La Vega en Caracas, luego me enviaron a Colombia y finalmente me ordené en Turín, Italia, en 1950. Esos años dejaron profunda huella en mi alma. Yo estuve en Italia en la época de la post-guerra, durante la reconstrucción. Allá vi el abismo y el desastre. Al ordenarme como sacerdote pasé 24 años en la congregación salesiana, toda mi formación fue salesiana, pero cuando me metí al camino de las drogas pasé a la arquidiócesis. Hoy pertenezco a los arquidiocesanos pero mi corazón sigue en la congregación salesiana.

.- También pasó un tiempo en la selva venezolana...

- Por travesuras de seminarista me enviaron para allá y estuve cinco años en la selva del Orinoco. Logré identificarme con las etnias y hablar tres dialectos: el goajiro, el maquiritare y el piaroa. Se me ha olvidado con los años, pero en aquel tiempo nos entendíamos bien. Fue una experiencia muy bella.

.- En su vida sacerdotal destaca su lucha contra las drogas, pero en sus inicios fue educador y se destacó también por fundar bandas y orfeones (fue presidente de la Orquesta Sinfónica Carabobo) ¿Tiene debilidad por la música?

- Sí, desde muy pequeño por influencias de mi familia. Me gusta mucho la música. Recuerdo que cuando yo dirigía el colegio Don Bosco, fundé una banda enorme con músicos y coros. Mi pasión siempre fue la música, todavía lo es. Monseñor Adam decía que yo tenía una cajita de música en cada sentido del cuerpo - comenta entre risas -.

.- ¿Alguna otra debilidad?

- Para pintar soy el hombre más bruto del mundo, pero también me he dedicado a la construcción, tengo más de cuarenta años en el ejercicio ilegal de la profesión. Esa es otra de mis pasiones y hasta ahora no se me ha caído nada -advierte- ¡Gracias a Dios!. Y me gustan también los deportes, fui deportista cuando muchacho y todavía soy capellán. Siento pasión por el béisbol, el fútbol y el básquetbol. Por supuesto, ¡soy magallanero hasta el forro del alma!

.- Durante su labor como educador Ud. reconoce el problema de la drogadicción entre los jóvenes, ¿cómo fue ese encuentro con el mundo de las drogas?

- Ciertamente mi vida sacerdotal se divide en dos etapas. Primero fui educador y luego me metí de lleno en las drogas. Allí mi vida giró en 180 grados, ya no me enfrentaba a una sociedad y una cultura, sino a una antisociedad y una subcultura, en un mundo donde todos vivían de la angustia y el miedo, sin herramientas científicas para enfrentar el problema. Entonces las drogas se convirtieron en mi mundo total. Viví en las comunas, estuve estudiando, buscando, hasta que conseguí el programa de Hogares Crea.

.- Hablando de Hogares Crea, ¿Se trata de su mayor satisfacción?

- En primer lugar, Hogares Crea es producto del trabajo de muchos, yo simplemente di el primer empujón, o mejor dicho, me empujaron. Yo nunca pensaba en esto, fueron simples circunstancias: “Dios escribe derecho con palos torcidos” -resalta-. No sé por qué, me encontré aquí, me metí hasta la coronilla en esto y no quise salir. Pero no ha sido mi mayor satisfacción sino mi mayor alegría. Tal vez mi mayor insatisfacción, pero mi mayor alegría.

.- Su misión, sin embargo, antes y después de Hogares Crea, es la juventud. ¿Siempre será esa su prioridad?

- Sí, es un asunto vocacional. Antes de Hogares Crea, en mi vida como educador, siempre estuve dedicado a la juventud. Mi vocación sigue y seguirá siendo la juventud, es mi misión como sacerdote, como educador y como psicólogo.

.- Hogares Crea está cercano a sus veinte años trabajando en prevención y recuperación del adicto. ¿Los problemas de la juventud son los mismos en la actualidad?
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- El problema está en la concepción que se tiene de la familia. Sobre todo hoy cuando la psicología se inclina hacia la inteligencia emocional. La emoción tiene su punto de partida en la infancia y la infancia depende de la familia. El error venezolano es que se trata de colocar a las instituciones como reemplazo del hogar y a la familia nadie la reemplaza. El Hogar no puede perder su prioridad. No se trata de un padrote o un vientre prestado, es un padre que engendra y educa, una madre que concibe y educa. De ambos, el niño recibe la dosis de amor que alimenta el espíritu, como los teteros alimentan el cuerpo. Luego, sobre eso, viene la parte religiosa, ¡que es sobrenatural! - destaca - Jesucristo no tiene sentido sin un hecho de amor y un ser humano que lo reciba en el seno del hogar.

.- ¿El problema sigue siendo la carencia afectiva?

- Va más allá, hemos perdido esta guerra porque no hay voluntad ni política, ni empresarial, ni social. Cuando hay un adicto, o un gay, se arma el escándalo, se esconde y se sacude al enfermo. Y yo no puedo ser el causante, no digo el culpable, pero sí el causante de una enfermedad en mi hijo y luego sacudírmelo porque me raya ante la sociedad. Estas incongruencias son las que permiten que la droga se ofrezca como compensación ante una carencia afectiva. Los huecos de amor de la infancia los rellena después la sociedad hedonista y material con toda su porquería. El corazón está lleno de amor o está lleno de basura, no tenemos alternativa. Y el problema de la carencia de afecto no radica en que no se dé, sino en que hay que metabolizarlo como alimento del cuerpo. De nada vale la ingesta sin un proceso digestivo, de nada vale dar afecto sino se convierte en energía que alimente el espíritu, allí está la ignorancia y la irresponsabilidad de nuestra cultura.

.- Si hemos perdido la guerra ¿Qué tipo de juventud sueña? ¿Ya perdió las esperanzas?

- ¡No! Las esperanzas nunca se pierden, yo sueño con una juventud líder. Una juventud que nos quite el liderazgo a los más viejos. Una juventud que sea jinete de su vida y elabore su propio destino. Hay una tendencia interesante que habla de la crisis como producto de la resistencia al cambio -explica- En Venezuela por ejemplo, la crisis actual es producto, en parte, de toda una burocracia que quiere defender sus poderes para siempre a costa del hambre y de los que no tienen nada. Obtener prebendas sin pagar un precio por el cambio no tiene sentido. Y mientras no halla un liderazgo con sangre nueva que asuma el protagonismo del cambio, vamos a seguir perdiendo la batalla.

.- Una vez, al referirse a los riesgos de su misión utilizó para sí mismo el término “aventurero de Dios” ¿Aún es un aventurero de Dios?

- Soy enemigo de vanagloriarme, a mí los títulos y los homenajes no me dan nota. Lo único que busco como respuesta es estar bien conmigo mismo y con Dios, en una gozosa paz interior. Intento sentirme contento, nunca satisfecho, y cuando siento que fallo me siento normal, porque un ser normal tiene debilidades y fortalezas. El equilibrio de las sombras y las luces, sentirse uno jinete de su vida, esa es la alegría de vivir. Si eso es ser aventurero, entonces soy aventurero.

.- Ud. hace siempre una diferencia entre el estar contento y el estar satisfecho, ¿Nunca está satisfecho?

- ¡Jamás! Yo siempre quisiera haber hecho más, haber podido más, haber tenido más apoyo, haber trabajado mejor por los demás. Uno siempre consigue sombras, aunque las sombras son para combatirlas, no para echarse a dormir sobre ellas, eso es filosofía de vida.

.- En contraparte a su mayor alegría, ¿Cuál es su mayor pesar?

- Dicen que lo más difícil en la vida sacerdotal es el celibato, pero la psiquiatría ha demostrado que se puede prescindir de la pareja y sentir equilibrio mental y emocional. Yo, como profesor de psicología religiosa en el Seminario de Valencia, después de haber estudiado la supresión de la pareja he logrado sublimarla. Pero lo que me duele en el alma, ahora que estoy muriendo, es no haber tenido un hijo. Particularmente, ahora que se ha avanzado tanto en genética y bioética, he entendido que cuando uno muere realmente no muere, porque el alma vive y el cuerpo sigue en los seres a quienes uno les da la vida. Cuando al morir, cierras el último capítulo de tu vida aquí en la tierra y no tienes un hijo, tus cromosomas y tus genes desaparecen. Eso es lo que me duele, morirme sin satisfacer esa amplia eternidad sobre la tierra, porque aunque haya eternidad en el cielo y sea muy bella, la parte humana deja un rastro en el alma que duele dejar. Esa es mi cruz, la única que tengo. Pero mi papá me decía que uno paga cualquier precio por sus ideales, menos el de su propia dignidad, y yo creo que este precio es digno.

.- ¿Cuál es el ideal de José María Rivolta?

- Tener la conciencia tranquila. Entre mis sombras y mis luces prefiero creer en la conciencia y en la ética, que creer en la moral. Porque la moral me la enseñaron, pero la conciencia me la formé yo. Yo nunca me arrepiento de nada, nisiquiera de mis errores porque los errores que he cometido fueron enseñanzas para después, y más bonito que no caer nunca, es caer para levantarse después. Entre no haber caído y saber lo que es la delicia de levantarse, prefiero haber caído para levantarme. Como el poema de Antonio Machado: Caminante no hay camino, se hace camino al andar, golpe a golpe, verso a verso. Mi vida es un uno por ciento de versos y un 99 por ciento de golpes, ¡pero sabroso!

En Valencia, Venezuela, 2001.

viernes 2 de noviembre de 2007

¿Qué pides tú?

Yo no pido nada más, sólo quiero que en la vida me acompañe algún valiente soñador que no tema regalarme una sonrisa en cada mirada suya que insistente venga a posarse en mis ojos…

Nada más, sólo quiero a mi lado a un ser humano confeso, con una capacidad inmensa para escucharme, con interés, sin prejuicios…

Nada más, sólo quiero un par de manos cálidas que arropen las mías cuando en una helada noche sienta frío; unas manos firmes, fuertes, siempre extendidas y dispuestas a tomarse de las mías, sin temor, sin complejos, eternamente…

Nada más, sólo quiero junto a mí a alguien que se entregue a ser a plenitud; que sea, durante cada sedienta noche, mi amante perfecto, y en cada tibio amanecer, mi mejor amigo…

Nada más, sólo quiero mirarme en el alma de un hombre sereno, vivo; colmado del valor y la fe para despertar a diario conmigo; para recibir cada mañana con sabor a cariño en los labios, y ganas, fuerzas de sobra para querernos, en los brazos…

Nada más…

Y tú… ¿Qué pides?