Duele todo lo que soy
Ahora me duele que me desees, me duele cómo y cuánto me deseas… Me duele que en mi piel siga percibiendo aún esta mañana ese extraño olor, ese aroma tuyo de esta vez, de bestia sudorosa que sin piedad calmó dentro de mí sus febriles ansias de animal.
Me duelen mucho más los tiernos besos con los que bañaste mi espalda después, porque debido a ellos pensé por un momento que viviríamos de nuevo nuestra magia de antes… y casi, casi lo logramos.
Me duelen los labios, mis labios que intentaron amarte y que hoy agrietados arden quemados por el fuego inclemente de tu boca.
Me duelen mis manos; sobre todo porque, mientras me poseías, las tuyas de algún modo se permitieron juntarse con ellas y por poco juré entonces que estábamos realmente conectados, unidos, amándonos.
Me duele cómo me disfrutaste, cómo gozaste en cada centímetro de mi piel, de un modo tan caníbal que transformaste mi deseo y emoción del momento en desolación y pavor.
Me duele que mi afán por complacerte se haya visto convertido de pronto en temor y desgano, a partir de tu manera insensata e inconsciente de hacerme tuya.
Y me duele el alma, que hoy más que nunca detesta esta necedad mía de insistir en buscar mil razones para justificarte y culparme a la vez. Me duele porque se siente traicionada por mi cuerpo que, ansioso del tuyo, malévolo incentivó en ella sus más profundas ilusiones. Me duele porque hace tiempo que intenta conquistarte, hace tiempo te coquetea como niña traviesa, hace tiempo hasta tienta desnudarse frente a ti… Pero anoche, abandonada como siempre a la intención de acariciarte, fue abatida en tus ojos por el remolino cruel de tu éxtasis falso e indiferente; fue derrotada en tus labios que al final no hicieron más que escupir tu barata filosofía; fue vencida ya sin fe, por tus argumentos vacíos, concebidos en tus más bajos instintos.
.
Me duele todo lo que soy …tal vez porque justo todo eso estaba yo desde siempre intentando entregarte.








