lunes 30 de abril de 2007

100% Actitud premenstrual


No sé, pero el día amaneció pesado; así lo percibí de inmediato al levantarme, tal vez porque advertí enseguida que se me pasó la hora prudente de despertar para hacer rendidora la jornada y, además, porque la jaqueca de la noche anterior se prolongó vilmente hasta esta mañana, luego de haber contribuido a que tuviese yo conciencia total durante las tres pesadillas que se sucedieron en mi mente mientras hacía el esfuerzo por dormir.

Me encuentro en la sala de baño con el espejo, saludo decepcionada mi carita de mapache – a causa de mis ojeras – y aprovecho la rutina para conversar con la báscula; ¡Dios mío! – me digo mientras intento no llorar luego de verificar los numeritos del peso – ¡tantos ejercicios, estricta dieta y de pronto esta semana subo un kilo en vez de bajarlo!

Salgo del baño horrorizada, busco alguna prenda favorita que me sirva para mejorar mi ánimo, pero pronto sucumbe de nuevo cuando noto que debo esforzarme en cerrar ese magnánimo pantalón que siempre hace honor a mi silueta. Decido entonces por el vestidito holgadito que lo esconde todo y me obligo a maquillarme de entusiasmo.

Los retrasos de la rutina mañanera impidieron mi primer sagrado encuentro con el café y fue, debido a esa omisión, cuando finalmente admití que estaba ante un día de catástrofe. A media mañana, sentí un deseo incontenible por saborear una buena porción de chocolate, así que compré, y consumí en cuanto pude, la cantidad suficiente para saciar mi ansiedad.

Proseguí con la lectura de los periódicos, - ¡decisión suicida! – me alarmaron otra vez las cifras rojas, me crisparon como siempre las declaraciones de los políticos, se instaló en mí la pesadumbre con los análisis derrotistas, me frustré por los eventos del mes a los que tal vez quiero ir pero no iré y respiré sólo tedio al hurgar la cartelera cinematográfica. Tomé de nuevo una buena ración de chocolate, intentando que la delicia del momento me hiciera obviar la realidad que muestra a diario la prensa.

No sé, pero el día amaneció pesado; lo reiteré al mediodía, tal vez porque el calor hizo insuperables mis posibilidades de sofocarme y, además, porque la jaqueca nocturna decidió continuar acompañándome. Llega el momento de almorzar, recuerdo que aumenté un kilo y empiezo a apartar bocados, cuestiono a gritos a mamá por el exceso de calorías que detecto en la comida y para coronar el inicio de la tarde encolerizo al descubrir que ¡no hay café!. Fue así como, para calmar el delirio de mi corazón, consumí lo que quedaba de mi paquete de chocolates.

Trato de sacar provecho a la siesta vespertina; la jaqueca no me permite relajarme, considero finalmente tomar algún analgésico y me recuesto en el sofá. Los pensamientos comienzan a sabotearme el intento de descanso; los puntos de la agenda saltan uno a uno en mi cabeza, recuerdo alguna buena experiencia de algún noviazgo ya perdido en el pasado, me recrimino no haber aceptado la invitación a salir que me hizo un amigo hace como tres meses, pienso en mi perrito que murió hace como cuatro años, vuelve a mí la imagen de los numeritos de la báscula, concientizo sobre la cantidad de chocolate consumido y ya, no puedo evitarlo, ¡rompo a llorar!

Lloro desconsolada, vuelvo a cuestionar a mamá, esta vez por preguntar qué me pasa; me encuentro de nuevo con el espejo y sigo llorando ante él decepcionada por el desastre de mi maquillaje. Lavo mi carita de mapache – agudizada con la hinchazón provocada por el lloriqueo – y me repito que ha sido un día terrible.

Pero ya, prefiero dejar de escribir; necesito dejar de lado mi computadora y salir corriendo a comprar una nueva ración de chocolates con la que pueda disipar otro inminente ataque de ansiedad. :-(

jueves 26 de abril de 2007

Hoy es Jueves...



Hoy es jueves y hace frío, demasiado digamos, sobre todo para cuerpos acostumbrados al calor; no sólo al tradicional que reina en el ambiente, sino también al que se desprende de los otros en medio de un abrazo sincero, en una mirada que, aunque cómplice de nuestro mundo interior, traviesamente descubre las verdaderas intenciones… Ese calor que no surge precisamente del fuego que emanan las pasiones, sino que resulta de la suma de las constantes energías, por demás nutritivas.

Hoy es jueves, muy temprano y está oscuro; las luces color naranja que el sol regala en las mañanas se escondieron y en su lugar sólo queda un techo gris azulado y lejano, tan lejano como las manos de quien busca acariciarnos desde el otro lado de la ventana, esa misma ventana que justo ahora se baña con las finas y espaciadas lágrimas que brotan desde aquél triste cielo gris.

miércoles 25 de abril de 2007

¡Me gané un Carol Ginter!

¿Qué les parece? El consumo habitual de Special K me generó más satisfacciones esta vez. Y no, no tiene que ver con los kilos perdidos, ni mucho menos con la silueta conservada gracias a mi desayuno tradicional; porque les garantizo que no soy precisamente la chica cuya foto aparecerá alguna vez en el empaque del cereal mostrando una escultural figura, lograda a partir del “reto de las dos semanas” que nos propone la famosa marca en sus comerciales de televisión. Debo confesar, al contrario, que mi dieta es más bien una costumbre medianamente disciplinada, antes que un concienzudo hábito, por intentar cuidar mi peso y mi salud.

¡Mi premio llegó gracias a mi tozudez! Jajaja… Sí, porque tengo la manía de leerme toda letrita que venga impresa en los empaques, porque mi afición por la lectura me lleva a interesarme por cuanta cosa parezca construcción gramatical - imagínense, yo perfeccioné mi capacidad lectora de niña contándole a papá y mamá qué decían las vallas que lograba divisar en nuestros viajes desde Valencia hacia Caracas - y entonces, a partir de mi interés constante por saber qué dicen los demás, sean personas o productos, pues descubrí que enviando mis datos junto con el código que venía dentro del empaque del cereal que, casi siempre, me da los buenos días, optaba por recibir un jean de diseño exclusivo y edición limitada de la creadora venezolana, Carol Ginter.

Así las cosas, hice lo convenido y ¡gané! Ayer un chico tocó a mi puerta para entregarme mi pantalón; y qué puedo decir, es precioso, me queda regio y lo mejor de todo es que me sentí niña de nuevo al recibir mi premio. En casa, todos rieron al verme correr y saltar emocionada por todas las habitaciones mientras llevaba puesto mi premio y gritaba feliz: ¡Me gané un Carol Ginter! Jajaja…

PD: ¡Y pensar que todavía no me gano nada por mi consumo religioso de café! :-/


Nota al pie: Para saber de los diseños de esta talentosa venezolana visiten www.carolginter.com
Y para curiosear sobre mi desayuno habitual vayan a www.specialk.com.ve

viernes 20 de abril de 2007

Otros ochenta años vividos para contarse...



Hacer referencia a la fiesta de los 80 años de Oscar Yanes me hizo recordar que el mes pasado el escritor colombiano, Gabriel García Márquez, también celebró sus 80 años de vida; y enseguida advertí que no podía continuar escribiendo en este espacio sin antes dedicar algunas de mis modestas pero sentidas líneas a mi Gabo. Y no se preocupen, de inmediato entenderán la razón que me hace de algún modo sentirlo mío, como le ha de suceder sin duda a otros tantos lectores.

Por supuesto, estos ochenta años de vida son igualmente excepcionales, no sólo porque a la celebración se sumaron otras cuentas bien llevadas; como los 40 años de haberse publicado su libro "Cien años de soledad" y los 25 años de haber recibido el premio Nóbel de Literatura; sino porque quien haya leído su obra “Vivir para contarla” debe haber aprendido, o confirmado si acaso ya lo sabía, que ciertamente un buen escritor, fundamentalmente, lo es tanto por su talento narrativo como por su capacidad para abandonarse a la rica experiencia de la vida, al punto de lograr así en sus historias interpretarla.

Al Gabo lo conocí yo, a través de sus letras, cuando era aún chiquitita; porque Cien años de soledad fue de los primeros libros que papá bajó de las alturas de nuestra improvisada biblioteca de casa diciéndome - ésto ya tú lo puedes leer; en aquéllos tiempos previos a la pubertad en que ya los cuentos de hadas me resultaban demasiada fantasía y se despertaba mi avidez por historias tal vez igual de mágicas pero enriquecidas de nueva retórica. Así que fueron sus libros los que saciaron mi literario apetito juvenil; fueron sus palabras bien llevadas, en cada tomo de su autoría, las que me hicieron amiga del diccionario y nutrieron a diario mi vocabulario; fueron sus miles de fábulas las que me hicieron descubrir mi capacidad de imaginación. Por tanto, no es de extrañar que confiese que sea García Márquez, en cosas de libros, el primer gran amor de mi vida. Y como todo buen y gran amor, se ha mantenido palpitante - en mi biblioteca, en mi mente y en mi alma - hasta mi adultez.

Hoy, mientras él se pasea por un año de celebraciones, yo le sigo leyendo; y no por pura fidelidad o melancolía. Es que simplemente, además de que los grandes y buenos amores son naturalmente correspondidos, el idilio entre el Gabo y yo tiene vestigios de eternidad; porque a sus ricos 80 años, a través de sus letras, él me sigue nutriendo; me sigue recreando a gusto la imaginación; me sigue invitando, en el realismo mágico de sus historias, a preocuparme en leer menos libros y más cotidianidad, entusiasmándome así pues a ¡vivir para contarla!...

martes 17 de abril de 2007

La Fiesta del Chivo... ¡más que merecida!


El periodista venezolano, Oscar Yanes, presentó ayer en Caracas su libro, ¡Nadie me quita lo bailao! Un reportero cuenta su vida, como parte de la celebración de sus 80 años de existencia – a los cuales arribará en unos días - y 63 de labor profesional. La fiesta del Chivo Negro, como también se le conoce, incluye un sinfín de actividades, entre ellas una muestra fotográfica itinerante que se presentará en varias universidades del país y un espectáculo previsto para el fin de semana que reunirá en el mismo escenario a Laureano Márquez, Pedro León Zapata, Emilio Lovera, Rolando Salazar, Graterolacho, Amílcar Rivero, Wilmer Ramírez y muchos otros; quienes junto al carismático conductor del espacio televisivo “Así son las cosas” celebrarán 80 años con humor, nombre que recibe el show festivo preparado para rendir homenaje a este insigne profesional que nos ha permitido conocer mucho de nuestra historia de un modo inigualablemente agradable.

Estos últimos días le he visto más que de costumbre en las pantallas de televisión, contando ricas anécdotas como siempre. Y más allá de hacer mención a su merecido homenaje y a su digna celebración; me lleva a hacerle protagonista de mis líneas la reflexión a la que me invita cada vez que le leo o le escucho contándonos alguna historia nuestra con su singular sabrosura. Su porte, su lucidez, su capacidad viva de seguir interpretándonos el devenir venezolano no deja de impresionarme. Pero mucho más, admiro su entusiasmo y su talante alegre.

Escuchándole orgulloso y vivaz, mientras habla de sus 80 años, sonrío, suspiro y me animo a emprender más concienzuda y agradecida la tarea de vivir; intentando hacer lo propio para que en mi cumpleaños 80 logre lucir - así como él - tan bonita, tan feliz y tan complacida con el ayer, ¡y con el hoy!


Feliz Cumpleaños para el Chivo ¡Enhorabuena!

domingo 15 de abril de 2007

Consentida en exceso...


Sí… Dios me ha consentido en exceso durante toda mi vida, debe ser por esa razón que muchos me consideran exigente en demasía para todo. Es que desde niña he estado colmada de privilegios, son infinitos los dones y regalos que constantemente he recibido del universo y no hay amanecer al que dé la bienvenida sin la certeza de mis bienaventuranzas.

Inclusive, debo confesar, que cuando me he declarado fracasada, cuando he sentido que ya no puedo más, cuando algún ocasional descontento ante mi presente, o algún terror indescriptible ante mi porvenir, me ha hecho gritar al cielo mi insatisfacción, inmediatamente Dios - antes que con una reprimenda o paliza, tal vez bien merecida, ¡por malcriada! - me responde siempre con alguna nueva bendición, desvaneciendo rapidito mi temor, mi rabia o mi desazón; diciéndome clarito pero al oído que estoy predestinada a la felicidad, a la abundancia, a la alegría, al amor… Y que nada, nada de lo que intente desde mi mente para sabotear mi natural bienestar, podrá con el poder infinito de su voluntad, que no es otra que el humano recorrido de mi ser invadido de motivos evidentes para eternizarme la sonrisa.

¡Dios debe reírse tanto cuando me ve refunfuñando!, porque sus respuestas ante mis quejas y recriminaciones están eternamente impregnadas de caricias, de palmaditas en la espalda, de guiños, de besos en la frente. Siempre, después de una interna alharaca, como tradicional reacción de mi disgusto, parece que Él aprovechara cualquier momentito de calma de los leves que se cuelan en mi pulso agitado mientras respiro, para hacerme reconocerle en algún detallito de mi vida y escucharle entre dulces carcajadas diciéndome: - Tranquila mi niña tonta, tengo suficiente amor para ti como para que dudes de la bendición que es tu vida, así que aclara tu corazón y ¡mira de nuevo! - ...Entonces soy yo quien sintiéndole muy dentro sonrío, admitiendo que ciertamente es todopoderoso, porque es única su facultad para hacerme entrar en razón, invitar a mi alma a reaccionar y con alguna buena sacudida reconquistar mi serenidad, incluso cuando mentalmente ciega me niego a esa posibilidad.

Supongo pues, que es esa demostración cotidiana del amor de Dios, su consentimiento excesivo, su manifestación constante, lo que hace que reciba y despida cada día agradecida, lo que invita a mi espíritu a mantener altos sus niveles de exigencia, para esperar mucho de la vida, del resto de los seres humanos, y, sobre todo, de mí misma.

jueves 12 de abril de 2007

Esas cosas del sexo opuesto que llaman nuestra atención...


Visitando el blog de un amigo me encontré con una encuesta donde nos pregunta qué es lo que más nos llama la atención del sexo opuesto. Aunque me encanta participar y opinar en casi todos los blogs que visito - por aquello de apoyar las creaciones de los demás - no pude responder; porque como siempre ando profundizando, reflexionando y complicando todo, ante cada opción hacía toda una introspección que me impidió concretar mi elección. En consecuencia, me animé entonces a intentar esbozar las cualidades fundamentales que despiertan, al menos mi interés muy personal, por algún espécimen masculino.

Les cuento; me siento atraída por los hombres de tez morena clara o blanquita, de cabello negro y liso - preferiblemente llevando algún corte que le permita a mis dedos juguetear con su cabellera - de ojos profundos y mirada intimidante, contextura gruesa y, aunque mi mejor amiga diga que mis antecedentes me contradicen, me gusta que me superen en estatura, ¡pero no tanto! apenas lo justo para que cómodamente puedan besar mi frente.

Cuando era un poco más joven que ahora - ¡casi una niña pues! - tenía una enorme y confesa debilidad por los catiritos (rubios, güeros) y mi mamá me advertía que la vida como lección ¡me haría enamorarme de algún negrito! Pero, como ya comprobaron en el párrafo previo, con el tiempo he tropicalizado mis gustos.

Digamos que físicamente ya queda descrito el prototipo, pero igual les dejo la foto de cabecera como referencia - Alejandro me gusta tanto que si graba un CD de vallenatos no sólo sería capaz de comprarlo ¡sino de escucharlo! -.

En cuanto a la personalidad que me atrae, más allá de la inteligencia y bondad de sentimientos como requisitos deseables, debo admitir que ante todo me embruja un hombre complejo. ¡Sí, complejo! ¿Ya concluyeron al fin que soy bastante extraña? Jajaja... Pues sí, por sobre todas las cosas me maravilla un caballero profundo; no sólo con un cerebro invadido de conocimientos, sino con la capacidad manifiesta de cuestionárselos todos; no sólo un amante de la palabra bien dicha, sino también un apasionado de la idea filosofada; no sólo un adicto a cualquier clase de buena literatura, sino además disciplinado practicante del arte de leerse a sí mismo.

Me atrae, me seduce, inclusive me enamora, un hombre cuya cotidianidad le sea siempre misterio personal, aventura gozada, experiencia observada y plenitud apreciada; alguien que hasta en sus básicas rutinas, o en sus más humildes actitudes, despierte en mí la incitación permanente por saborear de su alma la plena intimidad.




Nota al pié: Si quieren participar en la encuesta vayan a www.jars80.blogspot.com y para contarme qué piensan pues allí está el espacio disponible. Y tú ¿qué dices?

martes 10 de abril de 2007

Santa Semana, seca, ¡pero de valores!

Ya estoy de vuelta en casa, luego del rico viaje que realizamos aprovechando los días libres de la Semana Mayor. Este año nos fuimos al estado Falcón nuevamente; hicimos la obligada parada en el pueblo de mis abuelos y luego tomamos rumbo a la Península de Paraguaná. Recorrí nuevamente las dunas donde aprendí a caminar y me sumergí feliz en el mar desde distintas costas. Y, a pesar de haber nacido en esa región de cujíes y medanales, me sorprendió admitir que era mi primera vez en el Cabo San Román y que, finalmente, a mis treinta años, mis pies se bautizaban con las puras sales que emergen de Las Cumaraguas (Foto de cabecera).

El viaje estuvo delicioso, aderezado como siempre con la alegría, el amor y el desparpajo de mi familia; porque a excepción de los viajes románticos, dudo que otras aventuras igualen la emoción de los recorridos familiares; donde tíos, primos y hermanos disfrutamos juntos de cualquier rinconcito o velada.

La peculiaridad de este año en el país fue la Ley Seca decretada durante los días santos para evitar el consumo de licor durante los viajes, intentando así disminuir el índice de accidentes que se dispara cada año por estos días. Muchos criticaron la medida y muchos también la aplaudieron. Pero el asunto es que ni fue considerable la disminución de accidentes, ni se logró realmente controlar el consumo de bebidas alcohólicas. Mientras se nos hizo difícil encontrar algún negocio abierto donde comprar hielo y agua, o algún refresquito, era habitual la escena de empleados de licorerías vendiendo cervecitas como mercancía de contrabando, utilizando para ello sus puertas traseras, alguna ventanita recóndita o inclusive contraseñas y cobro de comisiones a quienes buscaban de algún modo saciar su sed de licor.

Esa escena repetida mil veces a lo largo de nuestro recorrido me pareció bastante risible; es que los venezolanos somos así, nos las arreglamos para que nada nos dañe el bochinche. Pero fue mucho más lamentable ver nuestras playas invadidas de basura, contemplar cómo la indiferencia parece apoderarse de cualquier rinconcito donde el hombre esté presente. Esas visiones grotescas me hicieron reforzar mi convicción y afición por la hipótesis de Matrix (La trilogía fílmica protagonizada por Keanu Reeves) donde se afirma que los seres humanos somos el virus del planeta. ¡Es que nuestro trato hacia el ambiente es muchas veces la demostración de que somos una raza con predilección por la destrucción! En fin, ya he dicho antes que venero nuestra libertad; y destruir, antes que cuidar y construir, es también una opción a la que los hombres y mujeres tenemos derecho en este mundo. ¡Qué lástima!, pero así es, nuestro libre albedrío nos permite también elegir lo cuestionable.

Ante la indiferencia con la que logré toparme en algunos rincones durante mi paseo, reiteré en mi conciencia que el problema, hablemos particularmente del venezolano, no es de falta de leyes sino de valores; sufrimos de solidaridad escasa, carecemos de amor profundo por nuestro suelo, el relajo se nos escapa de las manos, la alegría que nos caracteriza se desdibuja cuando termina el sarao y quedan a nuestro paso la desolación, el desorden, y la naturaleza ávida de unas manos que le devuelvan su armonía. Porque cierto es que la tierra se reinventa a diario a sí misma, se recompone a ratos de sus propios vaivenes; pero difícilmente puede reponerse, ni mucho menos en los días santos, de nuestro seco desamor.