¿Compleja o Enrollada?
Un amigo leyó mi entrada sobre los estereotipos, donde admito mi tendencia a la complejidad, y entre carcajadas me increpa:
- “Eres mujer, ¿¡cómo demonios no vas a ser compleja!?”
Lo peor del caso es que se trata de un buen amigo, de esos con los que uno se puede expresar a sus anchas sin sentirse cuestionada; alguien con quien especulo y merodeo a plenitud, así que con toda propiedad me invitó a una seria reflexión a partir de su disertación:
- “No es sólo que seas compleja en un sentido intelectual y profundo, o en contraposición a la estereotipada mujer básica que sin duda no eres; sino que naturalmente eres mujer. ¡Las mujeres son todas bien complejas y enrolladas!”
¡Oh Dios! Esa frase activó en mí toda una actividad introspectiva. Después de mi confesión de hastío por los estereotipos resulta que al final soy “mujer” y díganme ustedes si no está en la identidad sexual nuestra primera carga de estereotipos. ¡Vaya! Además, en la mujer estereotipo, la complejidad encabeza la lista de calificativos. Eso sin considerar, sumado a las convenciones sociales, el hecho de que está científicamente comprobado que mientras los hombres son prácticos y simples, las féminas somos complejas, incluso en asuntos de cromosomas.
- “Tanto nadar para morir en la orilla” me dijo.
- “No quieres encajar en estereotipos pero te confiesas adicta a la complejidad, la purísima cualidad endosada a todas las mujeres”
Bueno, ¿qué le voy a hacer?, si hay algo que a mí me encanta hacer valer es mi feminidad; yo disfruto de ser mujer, con todo y sus estereotipos. Ahora bien, admitir que, inclusive en biología, la complejidad me define primero como género que como individuo no es lo que me causó inquietud. Mi turbación radica en la aparente afiliación entre ser compleja y ser “enrollada”.
Esa aseveración sí que logró trastocarme. Pues, honestamente, admito que no tengo la capacidad para definir en este instante la línea divisoria entre compleja y enrollada. Pero, sin embargo, debo subrayar que así como disfruto de mis estimulaciones neuronales, al buscar interpretar de mil modos una idea; en la misma medida detesto observarme en la fémina y básica actitud de ahogarme en cuestionamientos y desasosiegos sin sentido – y lo hago consecuentemente, ni lo duden - .
Concluyo que mi amigo estimuló divagancias en mi ego; me dejó buscando en alguna parte un sólido respaldo a mi percepción de la complejidad como una cualidad chic - algo así como una virtud que nos hace misteriosas y encantadoras - una concepción para nada coincidente con esa imagen de “rollo de pabilo” o de ser humano medio desquiciado que algunos varones tienen de nosotras, incitada por cierto a partir de muchos de nuestros particulares desvaríos.
- “Eres mujer, ¿¡cómo demonios no vas a ser compleja!?”
Lo peor del caso es que se trata de un buen amigo, de esos con los que uno se puede expresar a sus anchas sin sentirse cuestionada; alguien con quien especulo y merodeo a plenitud, así que con toda propiedad me invitó a una seria reflexión a partir de su disertación:
- “No es sólo que seas compleja en un sentido intelectual y profundo, o en contraposición a la estereotipada mujer básica que sin duda no eres; sino que naturalmente eres mujer. ¡Las mujeres son todas bien complejas y enrolladas!”
¡Oh Dios! Esa frase activó en mí toda una actividad introspectiva. Después de mi confesión de hastío por los estereotipos resulta que al final soy “mujer” y díganme ustedes si no está en la identidad sexual nuestra primera carga de estereotipos. ¡Vaya! Además, en la mujer estereotipo, la complejidad encabeza la lista de calificativos. Eso sin considerar, sumado a las convenciones sociales, el hecho de que está científicamente comprobado que mientras los hombres son prácticos y simples, las féminas somos complejas, incluso en asuntos de cromosomas.
- “Tanto nadar para morir en la orilla” me dijo.
- “No quieres encajar en estereotipos pero te confiesas adicta a la complejidad, la purísima cualidad endosada a todas las mujeres”
Bueno, ¿qué le voy a hacer?, si hay algo que a mí me encanta hacer valer es mi feminidad; yo disfruto de ser mujer, con todo y sus estereotipos. Ahora bien, admitir que, inclusive en biología, la complejidad me define primero como género que como individuo no es lo que me causó inquietud. Mi turbación radica en la aparente afiliación entre ser compleja y ser “enrollada”.
Esa aseveración sí que logró trastocarme. Pues, honestamente, admito que no tengo la capacidad para definir en este instante la línea divisoria entre compleja y enrollada. Pero, sin embargo, debo subrayar que así como disfruto de mis estimulaciones neuronales, al buscar interpretar de mil modos una idea; en la misma medida detesto observarme en la fémina y básica actitud de ahogarme en cuestionamientos y desasosiegos sin sentido – y lo hago consecuentemente, ni lo duden - .
Concluyo que mi amigo estimuló divagancias en mi ego; me dejó buscando en alguna parte un sólido respaldo a mi percepción de la complejidad como una cualidad chic - algo así como una virtud que nos hace misteriosas y encantadoras - una concepción para nada coincidente con esa imagen de “rollo de pabilo” o de ser humano medio desquiciado que algunos varones tienen de nosotras, incitada por cierto a partir de muchos de nuestros particulares desvaríos.











