martes 27 de febrero de 2007

¿Compleja o Enrollada?


Un amigo leyó mi entrada sobre los estereotipos, donde admito mi tendencia a la complejidad, y entre carcajadas me increpa:

- “Eres mujer, ¿¡cómo demonios no vas a ser compleja!?”

Lo peor del caso es que se trata de un buen amigo, de esos con los que uno se puede expresar a sus anchas sin sentirse cuestionada; alguien con quien especulo y merodeo a plenitud, así que con toda propiedad me invitó a una seria reflexión a partir de su disertación:

- “No es sólo que seas compleja en un sentido intelectual y profundo, o en contraposición a la estereotipada mujer básica que sin duda no eres; sino que naturalmente eres mujer. ¡Las mujeres son todas bien complejas y enrolladas!”

¡Oh Dios! Esa frase activó en mí toda una actividad introspectiva. Después de mi confesión de hastío por los estereotipos resulta que al final soy “mujer” y díganme ustedes si no está en la identidad sexual nuestra primera carga de estereotipos. ¡Vaya! Además, en la mujer estereotipo, la complejidad encabeza la lista de calificativos. Eso sin considerar, sumado a las convenciones sociales, el hecho de que está científicamente comprobado que mientras los hombres son prácticos y simples, las féminas somos complejas, incluso en asuntos de cromosomas.

- “Tanto nadar para morir en la orilla” me dijo.
- “No quieres encajar en estereotipos pero te confiesas adicta a la complejidad, la purísima cualidad endosada a todas las mujeres”

Bueno, ¿qué le voy a hacer?, si hay algo que a mí me encanta hacer valer es mi feminidad; yo disfruto de ser mujer, con todo y sus estereotipos. Ahora bien, admitir que, inclusive en biología, la complejidad me define primero como género que como individuo no es lo que me causó inquietud. Mi turbación radica en la aparente afiliación entre ser compleja y ser “enrollada”.

Esa aseveración sí que logró trastocarme. Pues, honestamente, admito que no tengo la capacidad para definir en este instante la línea divisoria entre compleja y enrollada. Pero, sin embargo, debo subrayar que así como disfruto de mis estimulaciones neuronales, al buscar interpretar de mil modos una idea; en la misma medida detesto observarme en la fémina y básica actitud de ahogarme en cuestionamientos y desasosiegos sin sentido – y lo hago consecuentemente, ni lo duden - .

Concluyo que mi amigo estimuló divagancias en mi ego; me dejó buscando en alguna parte un sólido respaldo a mi percepción de la complejidad como una cualidad chic - algo así como una virtud que nos hace misteriosas y encantadoras - una concepción para nada coincidente con esa imagen de “rollo de pabilo” o de ser humano medio desquiciado que algunos varones tienen de nosotras, incitada por cierto a partir de muchos de nuestros particulares desvaríos.

Cansada del "mientras tanto"

Lo confieso, no puedo aceptar otro “mientras tanto” más en mi vida. Cierto, será que me toca aceptar que estamos en el país del “mientras tanto”. Aquí, (en Venezuela) se cierra una calle “mientras” se construye otra mejor. Se imponen controles de cambio “mientras” se equilibra la economía nacional. Se invaden terrenos y se levantan ranchos “mientras” se edifican viviendas dignas. Se proponen becas y misiones de ayuda a los necesitados “mientras” se erradica la pobreza. Total, que decido dejarle al país sus “mientras tanto”, pero en mi vida necesito de una vez y para siempre descartarlos!

Ya no quiero tener un empleo medianamente satisfactorio “mientras” consigo el perfecto. Ya hasta me resulta incómodo vivir en casa de mis padres “mientras” ahorro unos mil años y logro comprarme mi propio apartamento. Ya se me hace aburrido en demasía ir al cine o a la playa más cercana “mientras” de algún mágico modo alcanzo a obtener el fondo pro vacaciones soñadas. Me niego a continuar dándome permiso para alguna relación casual sin compromiso “mientras” llega el momento y el individuo perfecto; “mientras” efectivamente me enamoro, se enamoran de mí y surge al fin una relación ideal; o “mientras” definitivamente admito que nadie llena la soledad de nadie y que sólo cuando has madurado lo suficiente encuentras realmente a alguien que te complemente dignamente.

Ya basta. Quiero que el presente me agote de satisfacciones, quiero vivir profundamente mis momentos y no sobrevivir “mientras tanto”. Quiero que hoy sea mi día ideal, que mi empleo sea el perfecto, que mis viajes sean como los sueñe y planifique, que mis decisiones sean por mi presente y mi futuro y no “mientras tanto”. Que mi soltería no me incomode, que sea el estado civil perfecto de mi existencia y que si decido cambiarlo sea sólo porque encontré mi complemento. ¿Qué tal? Esta amante de los puntos intermedios y de los vaivenes intenta ahora decretar posiciones radicales.

Es que al fin y al cabo, justamente el espacio de tiempo que tenemos para vivir es el que nos da Dios en exacta medida para saborear la existencia... sólo “mientras” nos morimos.

lunes 26 de febrero de 2007

Juramento Hipocrático de una Bloggera Principiante

He aquí algunas ideas sobre el compromiso que me he estado planteando a mí misma, a partir de la creación de este espacio. Eso sí, sin definir condiciones ni límites para lograr cumplirlo, me reservo el derecho de hacerlo según mis modos y a mi ritmo! ;-)

Aquí dejo la lista:

.- Llegar a expresar mis ideas con sensata brevedad, pero sin dejar jamás de satisfacer esa necesidad tan mía de agotar las ideas, aunque corra el riesgo de ser redundante.
.- Perder el miedo a exponerme demasiado.
.- No tomarme tan en serio ninguna de mis afirmaciones, la vida es ya demasiada circunspección para muchos; me niego a endosarle a mis percepciones la seriedad o rigidez que le impongo, hasta sin querer, a algunas de mis actitudes ante la vida.
.- Asumir realmente la premisa de que tengo derecho a retractarme mañana de lo que digo y escribo hoy, sin restarle a mis opiniones el valor que pudieron tener en su momento.
.- Permitirme ser incoherente, cuando el ánimo me obligue a serlo.
.- Gozar consecuente y enormemente de la libertad que me brinda este espacio para exponer mis insaciables disertaciones.
.- Aceptar los comentarios de los demás siempre desde la observación y jamás desde el prejuicio.
.- Mantener un discurso respetuoso, para con el resto de los mortales por supuesto, pero sobre todo para conmigo misma.
.- Ampliar la lista de lo que hay más allá de mi despensa, porque sé que hay mucho y que vale la pena.
.- Incluir aquí realmente la interpretación de todo tipo de degustaciones, porque no sólo puede uno quejarse de los sinsabores; también hay que vanagloriarse de lo dulce, de lo picante, de lo carnoso, de lo crujiente, de lo que se disuelve de a poquito en el paladar, de lo que despierta más que el sentido del gusto y, ¿por qué no? de esas cosas que apenas en sólo un bocado nos hacen volar.

“Si cumplo este juramento con fidelidad, que pueda gozar de mi vida y de mi arte con buena reputación entre los hombres y por siempre; si no lo hago y lo quebranto, que me suceda lo contrario.”
Hipócrates (Mucho tiempo antes de Jesucristo)

viernes 23 de febrero de 2007

El Arte de Autodefinirse


“Conócete a ti mismo” A quién no habría de resultarle familiar esta antiquísima frase, inscrita en el templo de Apolo y atribuida indistintamente a Platón, a Pitágoras y a Sócrates, como base de sus enseñanzas filosóficas. Más allá de la ancestral aureola que la recubre, ya sea en griego, en latín o en cotidiano español, es una sentencia que me agrada; pero no es porque aspire desarrollar algún nuevo dogma al respecto, es simplemente porque prefiero que se me vaya la vida sólo en conocerme y no cometer en algún instante la osadía de concretar una definición sobre mí misma.

Lo he intentado, no voy a negarlo, pero es que cuando ensayo alguna descripción sobre quién soy se me dificulta construir una lista sensata de adjetivos; porque me manifiesto escéptica ante los absolutos y, en consecuencia, todo calificativo que de pronto estimo adecuado para describirme siempre corresponde con un antónimo con el cual podría sentirme igualmente identificada en algún momento.

Debe ser por esas constantes contradicciones que descubro en mí, y por lo mucho que me recreo en ellas, que considero plausible la sentencia de Savater (Fernando, el filósofo español) cuando afirma que “cada uno somos muchos” y, hasta me siento menos bicho raro, cuando en su narración continúa, a modo de ejemplo, admitiendo: “El régimen que complace al amante de la justicia que hay en mí desagrada al aristócrata y al caprichoso que también soy; lo que tranquiliza mi gusto por el orden desafía mi afán de novedades y aventuras; soy a la vez timorato y osado, ordenancista y anárquico, conservador e iconoclasta, joven frente a unos y viejo para otros; lo mismo que elijo como bueno en ciertos aspectos irrita en mí al rebelde que soy contra mis propias decisiones, y despierta al chovinista fastidiado por mi cosmopolitismo o al fanático harto de mi edificante tolerancia.” (1)

Tropezarme con individuos que se permitan ese tipo de honestas disertaciones sobre sí mismos es un aliciente a mi culto por lo agridulce, por lo complejo, por lo ambivalente, por los intermedios y a la vez por los extremos, por los grises y matices. Así pues, me refresca poder consolidar cada vez más mi creencia de que de todo nos cabe en el alma, y que es más rico y nutritivo para el espíritu abandonarse a observar y saborear cada rincón de su profunda despensa, antes que asumir la titánica, artística y quizás algunas veces inútil tarea de autodefinirse.


1) Savater, Fernando. SOBRE VIVIR. Editorial Ariel. Barcelona, España. 4ta. Edición, noviembre 2003.
NOTA: La imagen es la pintura "Muchacha joven delante de un espejo" de Picasso, 1932.

jueves 22 de febrero de 2007

Hastiada de Estereotipos




Alguna vez aprendí que la capacidad de síntesis supone inteligencia, que las definiciones breves y las categorizaciones puntuales son habilidad propia de genios. Esa bendita idea, incrustada en mi cerebro, ha sido la culpable de dudas íntimas e intermitentes respecto a la profundidad de mi intelecto. Pero entiendo hoy que no me atrae la simplicidad, me cuesta aceptar que existan en el universo asuntos que carezcan de un segundo plano, así que me vanaglorio de vivir tentando a la complejidad.

En esencia me inclino por profundizar en todo, no me interesan los conceptos duros y rara vez un enunciado me convence a primera lectura. No hay mejor ejercicio para mí que intentar agotar las ideas y me afano en pretenderlo, para vislumbrar casi siempre que gracias a la relatividad son pocos los temas finitos.

Esa pasión por la complejidad me mantiene reñida con los estereotipos; porque si hay un misterio que considero digno de preservar y descubrir es el humano y, particularmente, me encoleriza toda posibilidad de encajar en categorías de cualquier índole.

Podría hacer mención por ejemplo al estereotipo al que debo pertenecer de acuerdo con mi nacionalidad: Soy VENEZOLANA, y quien ante tal afirmación no especule sobre mi belleza miente en un 95,1 % de probabilidad, porque “las venezolanas son bonitas”. Claro, ¿y a quién le disgusta ser considerada linda? Ah! Y soy MORENA, supongo que con esa característica se descarta toda posibilidad de considerarme “tonta” como a las rubias. Puedo proseguir con mi posición astrológica: Soy una chica TAURO, quienes tengan nociones de astrología pues dirán que soy paciente, decidida, perseverante, leal y tozuda. Hablemos de mi profesión, soy PERIODISTA, realicé estudios de postgrado y soy asidua a la lectura; muchos agregarán que debo ser inteligente, que debo escribir muy bien – a las pruebas me remito – que seguro sé de cualquier cosa porque “un periodista posee un océano de conocimientos pero con un centímetro de profundidad” y que estoy siempre al tanto de los acontecimientos nacionales e internacionales. Y justo el estereotipo con el que paradójicamente me he sentido más contrariada ha sido con el de MUJER INTELIGENTE, es que me cuesta concebirme apenas como una chica profesional de este siglo, soltera empedernida, autónoma, difícil de convencer, dominante, jactanciosa, ajena a la trivialidad, de lenguaje impecable, seguramente feminista y castradora de cualidades de la especie masculina.


Me resisto a encajar. Me aferro a la idea de que las definiciones concretas y las categorizaciones puntuales sólo son útiles en matemáticas, que los estereotipos no son síntoma de inteligencia sino falta de honestidad pues sólo sirven para simplificar, de modo bastante inexacto y hasta dañino, nuestras realidades; las realidades de seres humanos que somos, como el universo, aparentemente estables pero inundados de estrellas y hoyos.

Sí, soy venezolana, pero garantizo que mis medidas no son óptimas para un reinado internacional, puedo pasar un promedio de ocho horas dignamente desaliñada y aunque mi sonrisa intenta estar permanentemente expuesta me respeto mis días de ceño fruncido. Además, sí, soy morena, pero aunque nutre el ego ser considerada bonita, puedo jurar que unas cuántas veces me he sentido tristemente tratada como “rubia tonta” y hasta podría admitir que en alguna ocasión debo haberme comportado como una.

Sí, soy una chica Tauro, pero contrario a las cualidades designadas por el zodíaco tengo irremediables instantes de ansiedad, me declaro holgazana y vacilante muchas veces, mi lealtad está sujeta a condiciones, no siempre soy disciplinada y me reservo el derecho en algún momento de carecer de voluntad.

Sí, soy periodista y asidua a la lectura, pero admito sin vergüenza que existen clásicos que no he leído ni leeré, puedo tener un fin de semana sin hojear periódicos y no considerarme por ello expuesta a la ignominia; mi ortografía no es perfecta aunque parezca y a pesar de mi pasión por las palabras eruditas, puedo sentirme igualmente muy a gusto con alguna expresión soez, e inclusive invocarla cuando la ocasión obliga.

Y sí, soy una mujer inteligente, estimulo a diario esa cualidad; pero, en contra del estereotipo, hasta concientemente me dejo convencer, puedo sentirme cómoda ante ciertos niveles de dependencia, confieso sin sonrojarme que hay asuntos de los que sé poco o nada, soy espontáneamente trivial, incluso en inoportunas ocasiones; valoro, admiro y resalto particulares cualidades de los varones y alardeo de saber llevar una buena minifalda. Bueno, advierto que mi noción de mujer inteligente tiene mucho más que ver con estas últimas ideas que con las predecesoras.

Prefiero pues seguir jugando a la complejidad, porque soy ambiciosa y aspiro a la sabiduría, donde el valor de tu ser no se mide por el contenido de tus sesos sino por la plenitud de tu alma. Prefiero pues abandonarme a descubrir mi personalidad contradictoria, observarme a mí misma actuando de modo impredecible; abrir mis grandes ojos y permitirme también conocer al otro desde su propia realidad y no desde mis prejuicios. Prefiero pues declararme hastiada de estereotipos, evitar sucumbir ante ellos, y arriesgarme a experimentar un honesto encuentro de individualidades, impregnado del encanto que prometen los íntimos misterios.

miércoles 21 de febrero de 2007

ADORACIÓN... A modo de presentación


Hoy es un día común; lo ha sido desde que desperté, particularmente desde ese cotidiano instante de mil rodeos que sobre mi cama protagonizo cada amanecer, hasta convencerme del deber que tengo con este pedacito de universo, y conmigo, de levantarme.

Todo sucede como de costumbre, me pongo de pie definitivamente y de inmediato me cruzo en algún lado de la habitación con los ojos de mi hermanita, esos ojos grandotes en los que me distraigo desde que ella era una bebecita y que todavía hoy a sus casi veinte años saltan alegremente fastidiados, o amorosamente complacientes, ante cualquier jugarreta de las mías. Ese momento basta, ese cruce de miradas es lo suficiente para reiterar, una vez más, que Dios me ha regalado en ella a la compañía de espíritu más hermosa que cualquier ser humano pueda poseer.

Me acobardo al asumir la necesidad de una ducha, - ¡es que el agua a estas horas es tan fría! me digo a mí misma - pero como cada día, empiezo mis internas discusiones entre lo que quiero y lo que ha de ser, decidiendo casi siempre por lo que ha de ser.

Luego del baño y la correspondiente acicalada me voy directo a la cocina, ¡antes de morir por ausencia de cafeína! Y allí están las otras dos mujeres importantes de mi existencia: Mamita, que ya sabe de mi adicción por el café y dispone para mi satisfacción una cantidad considerable que me sirva de aliciente; - eso por nombrar algo de lo que mamá sabe de mí, como si pudiera yo atreverme a garantizar que haya algo de mí que ella no sepa y en lo que no intervenga siempre prudentemente - y mi abuelita Juana, la doña sabiduría que aún plancha mi ropa y que inocentemente hasta sin querer me regala a ratos frases ilustradas.

Bebo mi primer sorbo de divinidad y enseguida advierto la ausencia de un personaje en la escena mañanera de la cocina, pero aparece de inmediato: Sí, es papá, tarareando como siempre alguna cancioncita vieja, alguna de esas que seguramente ya me he de saber, debido al hábito, tanto suyo como de mi abuelita Nuna (de quien lo heredó sin duda) de hacernos a todos crecer y vivir entre canciones. ¡Ah bueno! y eso cuando lo que tararea no es una canción de Ramón, porque es que sino heredaba papá de mi abuela su tarareo, igual iba a bastarle en la vida con el gusto y el talento por la música que le inyectó mi abuelo Monche en los genes… Eso sin duda es mi papi para mí, música para el alma, perfectamente armónica compañía en la alegría, en la nostalgia, en la emoción o la desazón, en el miedo o la angustia, en la desilusión o la aceptación, en la felicidad o la calma.

Termino mi desayuno, y de aquí en adelante hasta en este día común puede haber variaciones. Recuerdo que mi hermano aún duerme, y así lo hará por un largo rato más porque si hay un derecho que defiende para sí es el de dormir mucho, lo suficiente como para mantener luego despierta su infinita sensibilidad; esa de la que hace gala con sus mágicas manos cuando festivas tropiezan con algún instrumento musical, acompañando así a tantos corazones en alguna de esas noches que le roban sus descansos; esa precisa sensibilidad en la que logro regocijarme cuando al mirarme me sonríe, la misma que todos intuimos inclusive en sus particulares silencios.

Pensar en uno de ellos me lleva enseguida a recordar al otro, a mi hermanito desordenado que ya está grande, que ya toma sus propias decisiones y que hoy más que nunca, estando un poco lejos de casa, hace valer su predilección por la independencia. Ya no me asombra tanto la defensa constante que hace de su propio “yo”, pero sí me asusta todavía, quizás por su elevada concepción de sí mismo, la abnegada manera como insiste en admirarme. Y bueno, ya lo he dicho antes, son esas miradas de admiración – las suyas y las de mis otros dos hermanos – las que me invitan a diario a no decaer jamás.

Avanzo y entre una u otra cosa, más o menos importante, se van restando horas en este día. Llega la noche rapidito y vuelvo a mi cama. Es allí, justo antes de dormir, debajo de mis sábanas, donde respiro y bendigo el calor del hogar, donde alabo a Dios por permitirme conocer el significado de la palabra familia, por sentirme en casa, por poder confirmar que tengo espacio, que hay un sitio donde tengo mi justo valor; porque descubro que no existe otro lugar, al menos en este mundo terrenal, donde en cuerpo y alma pueda sentirme yo más a gusto, segura, amada, bienaventurada…

Cierro mis ojos y deseo que muchos puedan experimentar algo así, porque de ese modo el mundo admitiría al unísono, finalmente, junto conmigo, que Dios es digno de adoración.