martes 22 de mayo de 2007

Las 10 razones que para Venezuela encontré...

Luego de analizar las miles de razones que - ya sea en comentarios del blog, en mensajes a mi correo electrónico o con firmes argumentos en alguna íntima conversación - me dieron amigos y extraños para permanecer anclados en este país, dejo aquí la lista de los diez motivos con los cuales coincido como inspiración personal para quedarme, saboreando la vida, desde este multicolor pedacito de universo llamado Venezuela:
.
.
.- Nuestra gastronomía, tan diversa, tan curiosa, tan rica mezcla de ingredientes autóctonos y de ajenos que ya no lo son tanto.
.
.

.
.
.- Nuestras playas, convergencia única de arena, olor a mar y calor humano. Los lugares ideales para un encuentro con la gente, durante épocas de bullicio, pero también para una conversación con Dios, en los instantes solitarios.
.
.

.
.
.- Nuestra Gran Sabana, ¡imponente!, haciéndonos sentir pequeños pero bendecidos a la vez, dejándonos claro en sus escenarios que la magia y el milagro están más cerca de lo que pensamos; porque respiras, cierras los ojos, y admites que si Dios ha de vivir en alguna parte, sin duda debe ser allí.
.
.

.

.- Nuestra geografía toda, ¡Costas, Llanos, Desierto, Selva, Nieve y Volcán!, como si la plenitud del universo hubiese decidido hacer manifiesto su amor por este país regalándole un poquito de todo lo que en el planeta hay.
.

.

.
.
.- Nuestra música; la gaita, el galerón, el polo, el vals, el joropo, el pasaje, el tambor; tan rica, curiosa y diversa como nuestra geografía y gastronomía. Es que Venezuela es el lugar ideal para los ávidos de saborear algo distinto cada día.
.
.

.
.
.- Nuestras rumbas, no tanto las que buscamos o armamos en algún lugar público nocturno, sino las que montamos rapidito en el jardín o el patio de la casa; aderezadas con pocas exquisiteces pero sí con muchas carcajadas, invadidas de amigos y hasta de extraños sin invitación previa, extendidas hasta al amanecer y cubiertas de licor y pasapalos gracias a las colectas hechas entre la concurrencia por algún miembro de la familia.

.

.
.
.- Nuestra familiaridad extrema, esa a veces mala costumbre de tutear a todo el mundo, o nuestra virtud amplificada de solidarizarnos con el otro, al extremo de querer averiguarle la vida y a veces hasta intentar acomodársela sin permiso.
.
.

.
.
.- Nuestros vocablos de trato común: chama, mamita, panita, primo, mi amor, compadre, corazón, chévere, okey, épale, ¡qué de pinga!, viejito… Y cuántos otros que distinguen nuestra actitud afectiva y jocosa.
.
.

.
.
.- Nuestro sentido del humor, esa capacidad tan nuestra de reírnos de todo y de todos. Esa virtud de nuestro intelecto de preferir hacer un chiste de toda calamidad antes que lanzarnos al vacío de las lamentaciones.
.
.

.
.
.- Nuestra FAMILIA, la más importante de mis razones, porque de ella aprendí el significado de un abrazo, el valor del amor a pesar de las distancias y cuán arrugadito puede ponerse un corazón al extrañar a su gente. Y también de ella aprendí, por sobre todas las cosas, a amar de este país la Gran Sabana, la gastronomía, la geografía, la música, las playas, las rumbas ...y el gentilicio.
.
.

1 Y tú qué dices?:

Tania L. Nieto dijo...

Maravillosa compilación de razones...¿acaso necesitamos más? Por todo eso es que regreso a Venezuela. Un beso