Esas cosas del sexo opuesto que llaman nuestra atención...
Visitando el blog de un amigo me encontré con una encuesta donde nos pregunta qué es lo que más nos llama la atención del sexo opuesto. Aunque me encanta participar y opinar en casi todos los blogs que visito - por aquello de apoyar las creaciones de los demás - no pude responder; porque como siempre ando profundizando, reflexionando y complicando todo, ante cada opción hacía toda una introspección que me impidió concretar mi elección. En consecuencia, me animé entonces a intentar esbozar las cualidades fundamentales que despiertan, al menos mi interés muy personal, por algún espécimen masculino.
Les cuento; me siento atraída por los hombres de tez morena clara o blanquita, de cabello negro y liso - preferiblemente llevando algún corte que le permita a mis dedos juguetear con su cabellera - de ojos profundos y mirada intimidante, contextura gruesa y, aunque mi mejor amiga diga que mis antecedentes me contradicen, me gusta que me superen en estatura, ¡pero no tanto! apenas lo justo para que cómodamente puedan besar mi frente.
Cuando era un poco más joven que ahora - ¡casi una niña pues! - tenía una enorme y confesa debilidad por los catiritos (rubios, güeros) y mi mamá me advertía que la vida como lección ¡me haría enamorarme de algún negrito! Pero, como ya comprobaron en el párrafo previo, con el tiempo he tropicalizado mis gustos.
Digamos que físicamente ya queda descrito el prototipo, pero igual les dejo la foto de cabecera como referencia - Alejandro me gusta tanto que si graba un CD de vallenatos no sólo sería capaz de comprarlo ¡sino de escucharlo! -.
En cuanto a la personalidad que me atrae, más allá de la inteligencia y bondad de sentimientos como requisitos deseables, debo admitir que ante todo me embruja un hombre complejo. ¡Sí, complejo! ¿Ya concluyeron al fin que soy bastante extraña? Jajaja... Pues sí, por sobre todas las cosas me maravilla un caballero profundo; no sólo con un cerebro invadido de conocimientos, sino con la capacidad manifiesta de cuestionárselos todos; no sólo un amante de la palabra bien dicha, sino también un apasionado de la idea filosofada; no sólo un adicto a cualquier clase de buena literatura, sino además disciplinado practicante del arte de leerse a sí mismo.
Me atrae, me seduce, inclusive me enamora, un hombre cuya cotidianidad le sea siempre misterio personal, aventura gozada, experiencia observada y plenitud apreciada; alguien que hasta en sus básicas rutinas, o en sus más humildes actitudes, despierte en mí la incitación permanente por saborear de su alma la plena intimidad.
Les cuento; me siento atraída por los hombres de tez morena clara o blanquita, de cabello negro y liso - preferiblemente llevando algún corte que le permita a mis dedos juguetear con su cabellera - de ojos profundos y mirada intimidante, contextura gruesa y, aunque mi mejor amiga diga que mis antecedentes me contradicen, me gusta que me superen en estatura, ¡pero no tanto! apenas lo justo para que cómodamente puedan besar mi frente.
Cuando era un poco más joven que ahora - ¡casi una niña pues! - tenía una enorme y confesa debilidad por los catiritos (rubios, güeros) y mi mamá me advertía que la vida como lección ¡me haría enamorarme de algún negrito! Pero, como ya comprobaron en el párrafo previo, con el tiempo he tropicalizado mis gustos.
Digamos que físicamente ya queda descrito el prototipo, pero igual les dejo la foto de cabecera como referencia - Alejandro me gusta tanto que si graba un CD de vallenatos no sólo sería capaz de comprarlo ¡sino de escucharlo! -.
En cuanto a la personalidad que me atrae, más allá de la inteligencia y bondad de sentimientos como requisitos deseables, debo admitir que ante todo me embruja un hombre complejo. ¡Sí, complejo! ¿Ya concluyeron al fin que soy bastante extraña? Jajaja... Pues sí, por sobre todas las cosas me maravilla un caballero profundo; no sólo con un cerebro invadido de conocimientos, sino con la capacidad manifiesta de cuestionárselos todos; no sólo un amante de la palabra bien dicha, sino también un apasionado de la idea filosofada; no sólo un adicto a cualquier clase de buena literatura, sino además disciplinado practicante del arte de leerse a sí mismo.
Me atrae, me seduce, inclusive me enamora, un hombre cuya cotidianidad le sea siempre misterio personal, aventura gozada, experiencia observada y plenitud apreciada; alguien que hasta en sus básicas rutinas, o en sus más humildes actitudes, despierte en mí la incitación permanente por saborear de su alma la plena intimidad.
Nota al pié: Si quieren participar en la encuesta vayan a www.jars80.blogspot.com y para contarme qué piensan pues allí está el espacio disponible. Y tú ¿qué dices?









1 Y tú qué dices?:
Oh! no querés casi nada!
Jajaja!
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