lunes 26 de marzo de 2007

Para quienes viven de intentar sabotear la vida de otros...

Ni creas que puedes!
Te lo aseguro; tu afán por hacerme daño sólo puede lograr que tu alma quede más diminuta y desierta de lo que ya debe ser… Así que no puedo más que compadecerte, porque qué inmensas han de ser tus carestías que pierdes tu tiempo conmigo; conmigo, que hace tanto aprendí a obviar desgastarme en actitudes defensivas; conmigo, que prefiero distraerme en el montón de bendiciones que DIOS me presenta a diario…

Definitivamente imposible; para lograr escamotear lo que soy tendrías que involucrarte en lo más importante de mí, tendrías que profundizar demasiado, tendrías que arriesgarte realmente a conocerme… Tú, que ya me has demostrado el pavor que le tienes a la vida, ¡Imagínate!, ¿qué valor puedes tener para ir al centro del ser de alguien más, cuando siquiera te habrás permitido alguna vez ir al centro de ti mismo?

Que te quede claro; para tener algún tipo de impacto en mi vida es preciso primero que yo te dé esa relevancia, que te dé permiso, que te deje estar y ser… Y, divinamente, sólo doy relevancia, sólo doy permiso, sólo dejo estar y ser a mi alrededor, a los milagros que hacen de mí hoy lo que soy…

Entretanto, ¡Ni creas que puedes! Apenas, logras hacerme reflexionar al respecto. Apenas, logras que por la pura necesidad de vaciar mi pensamiento deje por aquí algunas líneas sin destinatario. Apenas, haces que siga nutriendo mi intelecto en este vaivén de palabras.

¿Qué te parece? Al final, antes que hacerme daño, premeditada o inconscientemente, como tal vez desearías por vana ociosidad, terminaste no más impulsando mi creatividad, entreteniendo mi espíritu… ¡Felicítate! ...porque lograr esas dos cosas es mucho más digno.